lunes, 19 de marzo de 2018

Una vida breve

Mientras escribo, escucho a mis espaldas la televisión, un documental sobre una tribu africana.
Costumbres, creencias, hábitos, tradiciones. De pronto, el narrador dice algo que me estremece: un hombre de la tribu pide, a través de su Gurú, la protección de los dioses para su familia y su poblado y para él una vida breve...¿Se puede sintetizar mejor la angustia y el dolor de una existencia?

Yo no tengo ese problema, he tenido la suficiente pero estoy ya en la primera línea estadística. Mi vida ya va a ser breve. Y no es que me alegre, pero me da serenidad al pensar que no voy a tener que sufrir mucho tiempo esta espantosa sociedad que vivimos.

Una comunidad humana que va perdiendo de día en día el sentido del respeto, que aplaude la vulgaridad, que vitorea la prepotencia, que vive sin estética.

Que pregona la justicia social pero no se la aplica, que sueña con destruir todo aquello que no es de su gusto, que lleva en su ideario un nuevo mundo sometido a sus propios intereses.

¿Exagero?, es posible, pero el poder está cada vez más en manos de mediocres y de ellos no se puede esperar nada más ansias de tener, de imponer, de rencor.

Y me estoy refiriendo a todo el poder, a toda la clase política que nos somete con dictaduras camufladas de democracia. Esa clase política que hemos dejado crecer hasta un número desorbitado, estúpidamente, sin hacer nada para evitarlo. Y acudiremos a las urnas para afianzar más esa masa ingente de individuos sin brillo que nos imponen sus voluntades.

Da asco.


Es cierto que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, el hombre de la tribu opta por combatir ambos por la vía de la brevedad. Yo opto por no participar.