viernes, 21 de marzo de 2014

Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto



Hoy estoy consternada y triste. Pertenezco a una generación que vivió el hambre de posguerra, los cuarenta años de dictadura, la euforia de la década de los sesenta, el asesinato de Kennedy que nos hizo llorar a todos los jóvenes del mundo y la transición española.
Hoy nos anuncia Adolfo Suárez Illana la inminente muerte de su padre, el Presidente del Gobierno de la transición, el hombre que nos ilusionó a todos y nos hizo saborear los cinco únicos años de auténtica democracia en España.
Hoy me apetece hacerle un pequeño homenaje a ese hombre que tomó su cargo como un servicio al ciudadano de su país y no como un territorio conquistado.  Les cuento mi anécdota: preparaba entonces con el patrocinio de El Corte Inglés la Primera Regata Internacional de Aerostación de España. Después de laboriosas gestiones para conseguir de nuevo la licencia de vuelo de Aviación Civil.
Se hacía en Aranjuez y el dispositivo de seguridad y tráfico se vio desbordado por la asistencia de más de cuarenta mil personas. A punto de iniciar la primera prueba me llaman desde Barajas para decirme que el participante alemán en la Regata está atascado en la aduana porque un funcionario está en su momento de descanso y bocadillo y no le autoriza la salida.
El momento es de desconcierto total, todos nos miramos y nos preguntamos ¿qué hacer?. Se me ocurre una idea loca, a grandes males… grandes remedios. “Que se movilice un gestor de aduanas del patrocinador hacía el aeropuerto y mientras voy a llamar a Moncloa para pedir ayuda”. Todos me miran con caras de incredulidad pensando que se me ha ido la pinza.
Todavía no existían los móviles de modo que llamo desde el bar de las instalaciones. Una voz: “Palacio de la Moncloa dígame?”- Buenos días, me llamo Ana de Rojas y quiero hablar urgente con el Presidente. Un silencio y la voz: “ Un momento Señora, le devuelvo la llamada a ese número”. Cinco minutos después la llamada y una nueva voz: “¿buenos días Ana, soy Lito, cual es tu problema?”. Le explico el problema y me dice: ”Ahora mismo sale un agente de Aduanas nuestro para ayudaros. Os reunís con él en Barajas”
Se resolvió la entrada del alemán y yo pude vivir un momento glorioso de democracia auténtica al ser atendida como ciudadana de a pie por la máxima autoridad del país sin necesidad de “recomendaciones” ni “contactos”.
Así era el Gobierno de Suárez…por eso duraron tan poco…
Eso se acabó, en los siguientes Gobiernos el hermetismo, la distancia, la insensibilidad. La clase política actual parece querer suplir su falta de capacidad y honestidad con la imposición, la soberbia y la mediocridad.
Pero eso me parece que ya no está la ciudadanía dispuesta a admitirla. Aunque parece que cada vez hay más ineptos y corruptos también hay más protestas, pero eso no basta. Hay que hacer una criba severa en esta clase política penosa e inmoral.
La sociedad española está herida y magullada por esta situación extrema, ha demostrado paciencia pero ya no más, ha llegado el momento de que Rajoy se quite la tirita de autismo total. Que Rubalcaba se quite la tirita tornasolada que se hace más o menos definida según le de la luz. Que la clase política se quite la tirita negra o blanca según su afinidad. Nosotros, los de a pie, la gente, demos un ejemplo de cordura aunque esta crisis nos haya "tocado" hasta la misma raíz existencial. Da igual porqué, cuanto y como se haya producido, en ella nosotros hemos perdido convivencia, estabilidad y perspectiva. Recuperémosla. Sugiero una nueva "tirita", que diga simplemente: NO  
Ana de Rojas