martes, 19 de agosto de 2014

Formidables, Ustedes son Formidables...

Era un programa de radio SER creado por Jaques Antoine y presentado por Alberto Oliveras.

Su cabecera era el fragmento inicial de la sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak. Compases llenos de fuerza que se amortiguaban para que Alberto, con su maravillosa voz de perfecta modulación grave entrase diciendo: "Formidables-pausa-Ustedes son Formidables!"

Y ahí arrancaba un espacio dedicado a atender situaciones extremas de los más necesitados de aquella década de los 60.

Al despacho de Alberto llegaban cada semana cientos de casos estremecedores, pero había que elegir. Era una labor dura ante la que tenías que crear un distanciamiento de sentimientos porque primaba el caso más radiofónico y no el más desesperado.

Alberto me llamó al ver una foto mía en ABC y una pequeña crónica escrita por Tico Medina. Su intención no era vincularme a la radio, creía haber encontrado la "antagonista social" a otras jóvenes que en aquellos años pululaban por el famoseo nacional. Pero Alberto era muy intuitivo e inteligente y pronto comprendió que yo "daba" mejor en la comunicación que en la imagen. Así que empezó por tenerme a su lado en el programa haciendo un poco de todo.

El programa tenía una audiencia colosal y consiguió éxitos sonados. Movilizaba al ciudadano para aportar tal o cual cosa (en su mayoría aportaciones económicas) para solucionar un problema desesperado de una desesperada familia o individuo.

Algunas noches se formaban colas kilométricas en la Gran Vía de gentes que acudían a donar su aportación en directo a la radio. Se hacían entrevistas en directo, conexiones con el lugar del damnificado, se hacía participar a personajes populares y al final del programa se contabilizaba el resultado que siempre era superior a las expectativas.

Se solucionaron problemas de vivienda, de sillas de ruedas, de necesidades alimentarias, de atención médica o tratamientos especiales, de trabajo. 

Pero a España llegó la bonanza económica, una clase media pujante y una sociedad y un país que querían dar  imagen de "modernidad" y "prosperidad". Era vergonzante aquella exhibición de miseria, por lo tanto el programa murió.

Por supuesto había patrocinadores, ellos también creyeron que su imagen no se beneficiaba de aquella exposición obscena de pobreza.

En realidad esa idea no murió, solo se trasladó de medio. Mentira que no fuera "apropiada", lo era, pero mejor ver que oír y así lo entendió la televisión. La prueba es que en estos largos cincuenta años se ha seguido explotando la pobreza o la necesidad pero esta vez en "maratones" televisivos donde participan marcas o personas aportando su contribución y aprovechando para adjudicarse imagen de "benefactor".

Alberto Oliveras fue un pionero en promover la solidaridad a través de un medio de comunicación. Ahora los audiovisuales lo aprovechan para crear espacios y negocio.

¿Y ahora no nos avergüenza?